El norte de Milán

Esta ruta puede ser complicada de organizar ya que requiere reservar con (mucha) antelación dos de los puntos que incluye: Santa María Delle Grazie y la Torre Branca.

El día comienza en Santa María Delle Grazie (1), una basílica mundialmente conocida por albergar en ella el fresco más conocido de Leonardo da Vinci: Il Cenacolo o La Última Cena. Se encuentra en el refectorio de la basílica. De hecho, tiene ahora una entrada independiente para pasar primero al claustro y después al refectorio mismo. Se restauró en 1999 para intentar devolverle a su estado original y evitar el continuo deterioro al que se había visto sometido. Como muestra de este deterioro simplemente mencionar que los monjes de la abadía decidieron en el S. XVII abrir una puerta en medio del fresco o el hecho de sobrevivió a un bombardeo en 1943 durante la II Guerra Mundial. Desde que se restauró, está protegida por fuertes medidas de seguridad lo que, unido al hecho de que se restringen los grupos que pueden estar al mismo tiempo dentro de la sala, hace que tengas que reservar con muchísima antelación la visita para contemplar esta obra de arte. Si tienes suerte de poder reservar, aprovecha para ver también el fresco que se encuentra enfrente, la Crucifixión de Donato Montorfano.

Desde allí, te puedes dirigir directamente al Castillo Sforzesco o, si tienes tiempo, pasarte primero por la Iglesia de San Maurizio al Monastero Maggiore (2), que destaca por unos magníficos frescos muy bien conservados. Su campanario fue una de las torres del circo romano, construido a finales del s. III d. C.

El Castillo Sforzesco (3) ha sido considerado durante siglos como un símbolo de la dominación extranjera. Construido en la década de 1360 por Galeazzo Visconti II, fue Francesco Sforza quien, justificándolo en motivos defensivos y en la necesidad de embellecer el castillo, inició en 1452 un proceso de ampliación del castillo que terminó su sucesor Galeazzo María. El castillo ha vivido una historia de sucesivo deterioro hasta que quedó reducido a un cuartel del ejército. En 1893 se inicia un proceso de restauración del castillo, interrumpido por la II Guerra Mundial, que ha dado lugar a la estructura que ahora se conoce, destinada a albergar numerosas exposiciones, entre las que destaca la Sala de la Pieta Rondanini, una escultura inacabada de Miguel Ángel, o la Sala delle Asse, construida por orden de Ludovico el Moro y decorada en parte por Leonardo Da Vinci, si bien ya queda poco de las pinturas originales de este autor. La entrada al castillo y a su impresionante patio es gratuita, pero no así la de los diferentes museos que albergan las salas.

Una vez salgas del castillo, te puedes dirigir al Parque Sempione, construido a finales del s. XIX, a dar un paseo o, si te ha llegado la hora de la comida, acercarte a la pizzería Sibila, que se encuentra relativamente cerca (4). Una vez en el Parque Sempione (5) te podrás dar un paseo, atravesando el lago artificial, hasta el Arco della Pace y, de vuelta, dirigirte a la Torre Branca (6), construida en los años 30 por Gio Ponti con motivo de la V mostra Triennale y restaurada años después por Fratelli Branca, de quien recibe el nombre. Si reservas con antelación, puedes subir a lo alto para, por poco más de 10 minutos, tener unas bonitas vistas de Milán. Ten en cuenta que los horarios y los días de visita son muy limitados.

Si aún te queda tiempo y fuerzas, y tus hijos lo permiten, la ruta la puedes terminar en la Pinacoteca de Brera (7), que es el museo que cierra más tarde y donde podrás encontrar obras como los desposorios de la Virgen, de Rafael, La Pieta, de Giovanni Bellini, los discípulos de Emaús, de Caravaggio, la lamentación sobre Cristo muerto, de Andrea Mantegna o el beso, de Francesco Hayez.

Otra opción, que seguro que tus hijos considerarán, será terminar el día en los Giardini Pubblici en los que, en época navideña, se monta el Villaggio delle Meraviglie, con atracciones para los más pequeños y una pista de patinaje.

Por último, si tu hotel se encuentra en los alrededores de la Estación Central, puedes aprovechar para cenar en Il Paiolo y probar los tallarines con bogavante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑