El centro de Milán

La ruta comienza en la peatonal Via Dante (1), dejando a tu espalda el Castillo Sforzesco. Una calle repleta de cafeterías y de tiendas por la que poder pasear hasta llegar a la plaza Cordusio, de forma oval, desde donde podrás acceder a la también peatonal Via dei Mercanti.

Puedes desviarte a la derecha antes de llegar a la plaza Cordusio si quieres pasar también por la Plaza Affari (2), donde se encuentra la bolsa y también un monumento que causó mucho revuelo cuando se instaló. Se trata de una mano mostrando solamente el dedo corazón. La escultura, de 2010, es obra de Maurizio Cattelan, quien la donó al Ayuntamiento de Milán sólo con la condición de que se instalara en la Plaza Affari, justo enfrente del edificio de la bolsa, cosa que el Ayuntamiento aceptó. Su nombre es L.O.V.E., acrónimo de libertad-odio-venganza-eternidad.

Una vez te encamines a la Via dei Mercanti (3) llegarás a la Plaza del Mercado (4), una de las plazas más representativas de la ciudad y que es heredera de la época medieval de Milán. Aún conserva edificios de aquella época como el Palazzo dei Giureconsulti (5), el Palazzo della Ragione (6), la Casa dei Panigarola (7), el Palazzo delle Scuole Palatine (8) y la Loggia degli Osii (9), con su combinación de mármol blanco y negro. La presencia de restaurantes de comida rápida le puede quitar un poco el encanto a la plaza, pero también te pueden sacar de un aprieto con los más pequeños.

Una vez hayas paseado por la Plaza del Mercado, te deberás acercar al centro de Milán, a la Plaza del Duomo (10), uno de los lugares más fotografiados del planeta. Para entrar a la catedral, te deberás dirigir a un edificio que hay próximo  (11). Para poder subir al tejado, deberás adquirir un pase combinado que incluye también la entrada al Museo del Duomo, a la catedral, a la zona arqueológica de la Basílica de Santa Tecla y a la Iglesia de San Gottardo. Podrás elegir entre subir al tejado por las escaleras (12) o en ascensor (13) por un precio algo más caro. A la hora de decidirte, recuerda, sobre todo si vas con niños pequeños, que vas a subir a 45 metros de altura. Las vistas desde el tejado son espectaculares y te permite contemplar una catedral desde una perspectiva nada habitual para ver de cerca sus arbotantes, sus gárgolas, sus agujas ricas en adornos y que dan al Duomo ese perfil tan característico, así como las estatuas de todos los tamaños (hay más de mil ochocientas). También podrás ver de cerca la Madonnina (14), una estatua de unos cuatro metros instalada en 1774 en el centro de la catedral coronando el punto más alto de la misma. Está hecha de cobre sobre una estructura de hierro y revestida por más de 6.000 láminas de oro puro y se ha convertido en el símbolo más famoso de Milán.

El Duomo de Milán (15) es una de las iglesias más grandes del mundo. Se dice que el lugar estuvo ocupado por la Basílica de Santa Tecla, pero en realidad esta ocupaba el lugar de la actual plaza. La catedral ocupa el lugar de la Basílica de Santa María Maggiore. Los restos de la Basílica de Santa Tecla, así como del Baptisterio adyacente pueden ser visitados (16) si tu entrada incluye el acceso al área arqueológica, que se realiza desde el interior de la catedral. La Basílica data del s. IV y fue objeto de sucesivas reconstrucciones hasta su demolición definitiva en 1461. Junto a los restos de la Basílica, encontrarás también los restos del Baptisterio de San Giovanni Alle Fonti (o de San Ambrosio), de la misma fecha, que fue el primero con planta octogonal y bañera de la misma planta del cristianismo. Al igual que la Basílica, fue demolido en 1394.

La construcción de la nueva catedral gótica, dedicada a Santa María Nascente, se inicia en el s. XIV y se prolonga hasta el s. XIX. En esta época, se termina la fachada, los ornamentos y las vidrieras.

Como hemos comentado antes, la entrada a las terrazas incluye la visita al Museo del Duomo (17), inaugurado en 1953, donde se conservan muchos de los elementos originales de la catedral, así como la entrada a la Iglesia de San Gottardo (18), que data del s. XIV y que fue reabierta en 2015 tras un proceso de restauración. Como curiosidad, señalar que aquí se instaló el primer reloj público de la ciudad.

Cuando hayas terminado de ver el Duomo, podrás darte un paseo por la Galería Vittorio Emanuele II (19), unas galerías comerciales construidas en el s. XIX y que, con sus más de 30 metros de altura y 353 toneladas de hierro utilizadas para su estructura, alberga a las tiendas más lujosas de Milán. Todas ellas deben anunciarse con un cartel dorado sobre un fondo negro. Como curiosidad, en el centro de la galería hay un mosaico de un toro y existe la costumbre de tocarle sus atributos para volver a Milán. Justo en el otro extremo de la galería se encuentra el famoso Teatro alla Scala (20), el teatro de Milán, inaugurado en 1778 para sustituir al Teatro Real Ducal, destruido por un incendio. Se permite el acceso al museo y la visita incluye la posibilidad de ver el auditorio, salvo que haya alguna representación en ese momento.

La ruta la puedes terminar recorriendo la comercial Corso Vittorio Emanuele II (21), con sus característicos soportales, dejando a tu derecha el centro comercial La Rinascente (22) y, más adelante, la Basílica de San Carlo al Corso (23), inaugurada en 1847, de estilo neoclásico e inspirada en el Panteón de Roma.

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