Lago d’Orta

El Lago d’Orta es un lago muy pequeño que cobija en su orilla un pueblo, Orta San Giulio, de tonos ocres y formas típicamente italianas, que bien merece una visita con la familia, sobre todo al atardecer, y que sólo te llevará unas horas.

El lago, de origen glaciar, apenas supera los 18 km², un poco mayor que el Lago di Varese, y se encuentra a 290 metros sobre el nivel del mar. En coche, está tan sólo a media hora de Stresa, en la otra ladera del Mottarone, por lo que puede ser el complemento perfecto a tu visita al Lago Maggiore.

En el pueblo de Orta, las suntuosas y elegantes villas son sustituidas por edificios llenos de flores abigarrados a lo largo de estrechas calles. Pero el pueblo sólo es accesible para el peatón. Una vez hayas dejado el coche en el aparcamiento (1), deberás bajar por la Via Professor Antonio Poli (2) hasta dar con la Iglesia de San Rocco (3), que data del s. XVII. Desde allí podrás recorrer la estrecha calle que te lleva a la Piazza Motta (4). Dedícale tu tiempo a pasearla tranquilamente y saborear los diferentes rinconces, tiendas y heladerías que te encontrarás en el camino. Al atardecer, con el sol resaltando los tonos amarillos, ocres y naranjas de las fachadas, es un auténtico placer para los sentidos.

Dentro de los diferentes edificios que te podrás encontrar, te destacamos el Palazzo della Comunitá (5), un edificio administrativo para el gobierno de la ciudad que data del s. XVI y que dejarás a tu derecha justo cuando entres en la Piazza Motta. Un poco más arriba, a tu izquierda, se encuentra la Casa dei Nani (6), del s. XV. Ambas casas están adornadas con frescos en sus fachadas y conservan su encanto original.

Desde la misma Piazza Motta parten los barcos (8) que comunican el pueblo con la Isola San Giulio (9). Te dejamos la referencia de dos de ellos: Motoscafisti Lago d’Orta  y Navigazione Lago d’Orta.

Cuenta la leyenda que San Giulio, en su tarea de combatir el paganismo, comenzó a construir iglesias cristianas. Para construir la iglesia número 100 encontró el lugar perfecto en la isla que ahora lleva su nombre y que se encuentra en medio del Lago: la Isola San Giulio.

La isla está ocupada mayoritariamente por el seminario que fue construido en el s. XIX, pero la Basílica de San Giulio todavía se puede visitar. Ten en cuenta que durante la celebración de la misa las visitas se suspenden y que cierra sobre las cinco o la seis de la tarde, dependiendo de la estación del año.

Para terminar la jornada podrás sentarte en alguna de las terrazas (7) de la Piazza Motta para relajarte, observar a los transeuntes o admirar las vistas del lago con la Isla de San Giulio presidiendo la postal.

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