El faro y el Arrecife de las Sirenas

Puedes comenzar el viaje desde San Miguel de Cabo de Gata y parar para observar las salinas, que se encuentran en frente de la playa. Se trata de un humedal donde podrás encontrar un gran número de aves (sobre todo, flamencos rosados, cuyo paso migratorio coincide con la época veraniega, especialmente a finales de julio y principios de agosto).

La Playa de Las Salinas tiene una extensión de unos 5 kilómetros y fuera de temporada puede ocurrir que mires a tu izquierda y a tu derecha y no veas a nadie más bañándose.

Un rincón con mucho encanto es La Fabriquilla. Si sigue abierto, prueba a tomarte una cerveza al atardecer en el Bar La Estrella, antes o después de bañarte. Una experiencia irrepetible.

A continuación puedes subir hasta el cabo que da nombre al parque y que es, a su vez, el punto más al sudeste de la Península. Desde el faro, párate a observar las vistas que te ofrece. Si no hay oleaje, posiblemente encontrarás a alguien haciendo “snorkel” y, si no, siempre puedes animarte tú. Desde allí podrás contemplar el Arrecife de las Sirenas, uno de los puntos más fotografiados del parque y que en tiempos era hábitat de la foca monje. En él, si la marea no está alta, podrás bajar hasta el mar.

De ahí, la última etapa de tu viaje puede consistir en encontrar un hueco donde quedarte en alguna de las calas que puedas encontrar desde la carretera.

 

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