Un día en Praga

Praga, a orillas del Río Moldava, se ha ganado a pulso el título de ser una de las joyas de Europa. Ya en el siglo X era descrita como una ciudad hermosa e imponente. De aquella época apenas quedan ya restos, pero la belleza románica y gótica de muchos de sus edificios sí ha permanecido hasta hoy. Entrar en el casco antiguo de Praga no deja de ser un viaje al pasado que puede encantar no sólo a los más mayores sino también a los más pequeños.

El olor a canela de los trdelník se mezcla con el del café de las diferentes terrazas que salpican el centro. El mosaico de colores y estilos arquitectónicos de todos los edificios que encuentras en la ciudad vieja y la opulencia de los palacios del barrio de Malá Strana. Todo ello encerrado en un laberinto de calles empedradas que van a parar alguno de los innumerables puentes que cruzan el Río Moldava.

Praga no sólo es la capital de la República Checa, sino que además es la ciudad más grande del país y concentra la mayor parte de su población. Pero la parte antigua es muy recogida y se concentra en zonas muy concretas. Eso sí, la ciudad siempre está abarrotada de gente por lo que en ciertos momentos puede llegar a agobiar a los más pequeños, sobre todo en épocas de calor.

Por eso, te proponemos una ruta que se puede hacer en un día, donde se recogen los lugares más atractivos de la ciudad, pero la dividimos en dos etapas, por si prefieres realizarla en dos días, dedicándole más tiempo al castillo, al Monte Monte Petřín, al barrio judío o simplemente a pasear tranquilamente por cualquiera de sus calles comerciales. Si dispones solo de un día, deberás a primera hora de la mañana en el castillo, punto inicial del recorrido para poder hacerlo completo.

Castillo de Praga y Malá Strana

Castillo y Mala Straná

La gran ventaja que tiene esta ruta para los más pequeños es que se hace en sentido descendente, lo que les facilita mucho las cosas. Comienza en la parada de Pražský hrad de las líneas nº 22 y 23 del tranvía de la red de transporte público de Praga (1), aunque justo al lado también hay una parada de taxis. La línea nº 23 la operan los tranvías históricos T3 que estuvieron en funcionamiento desde 1962 hasta 2011 y que en la actualidad han sido rehabilitados para prestar el servicio. Tienen más encanto, pero también van más llenos.

Una vez hayas llegado a la parada, te deberás dirigir al castillo, pero dejarás antes a tu izquierda los jardines (2), construidos en 1534 por encargo de Fernando I de Habsburgo al estilo renacentista sobre unos antiguos viñedos colindantes. Una vez cruces el puente, llegarás al castillo (3), uno de los más grandes de Europa. Dentro del complejo existen varios tipos de recorridos que podrás disfrutar con guías profesionales o a tu aire con un audioguía. Realiza tu elección teniendo en cuenta el tiempo de que dispongas para ver el resto de la ciudad. Puede ser suficiente el circuito que comprende el antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge, el Callejón de Oro y la Catedral de San Vito.

Puedes comenzar el recorrido por la Catedral de San Vito (4), cuya construcción, en estilo gótico, comenzó en el siglo XIV. Permaneció inacabada hasta que en 1873 se retomó su finalización, al estilo neogótico, y finalmente se terminó en 1929. En ella se encuentra la capilla donde descansan los restos de San Wenceslao.

El antiguo Palacio Real (5), de estilo románico, data del siglo XII. Poco a poco se fue enriqueciendo con nuevas estancias, De ellas, el Salón de Vladislao se sigue utilizando para las funciones representativas del Estado más relevantes. Del palacio destaca también la Capilla de Todos los Santos que data de 1185 y que también ha sido objeto de remodelaciones y ampliaciones posteriores. El siguiente punto de tu visita es la Basílica de San Jorge (6), edificio de estilo románico del siglo XII. El edificio original, del siglo X, fue destruido en un incendio. Desde allí, te puedes dirigir al Callejón del Oro (7), una calle que sirvió de residencia a la gente más humilde, entre ellos los orfebres, que con su trabajo dieron nombre al callejón. En el nº 22 vivió el escritor Franz Kafka y desde el nº 12 se puede acceder a la torre Daliborka (8), utilizada como cárcel.

Si te queda tiempo y fuerzas, puedes subir antes de salir a la torre sur de la catedral (9) que, con sus casi 300 escalones, te permite tener una panorámica de la ciudad. El acceso a la torre no está incluido en la entrada general a la catedral. Si tienes pensado ir al Monte Petřín, puedes ahorrarte la subida. Al terminar tu recorrido, si coincide con alguna hora en punto, podrás ver el cambio de guardia a la entrada del palacio, pero es a las doce en punto cuando se celebra el cambio de guardia más ceremonial.

Praga viajar con niños

Una vez hayas recorrido el castillo, puedes dirigirte al barrio de Malá Straná, un barrio que desde el siglo XI albergó a la nobleza y a la gente más adinerada de la ciudad. La colorida calle Nerudova (12) te llevará directamente a la plaza de Malostranské y la Iglesia de San Nicolás (13). Levantada durante la primera mitad del siglo XVIII, puede decirse que es una de las iglesias barrocas más importantes de Centroeuropa.

Desde la plaza de Malostranské puedes coger las líneas nº 12, 20 o 23 (15) para acercarte al funicular que sube hacia el Monte Petřín (6). La parada de tranvía te deja muy cerca (16) pero también puedes utilizar un taxi. Si te has desplazado en transporte público y tienes alguna tarjeta de transporte, comprueba que te vale para subir al funicular.

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Una vez subas con el funicular, merece la pena que subas a la Torre Petřín (17) que se levanta a 60 metros de altura. Construida en acero en 1891 para conmemorar la exposición industrial que tuvo lugar en 1791 con motivo de la coronación del rey checo Leopoldo II, las vistas que se tienen de la ciudad son magníficas. De la misma época es el laberinto de espejos (18) que se encuentra al lado de la torre.

Puedes parar a picar algo en los aledaños de la torre o bajar a comer al Café Slavia (19), un restaurante clásico de Praga en la orilla del Río Moldava.

La Ciudad Vieja

Ciudad vieja Praga viajar con niños

La segunda etapa de la ruta se centra en recorrer la ciudad vieja, cuyos orígenes están vinculados al desarrollo del comercio en el país. Le puedes dedicar la tarde entera a esta parte de la ruta para hacerla tranquilamente, intercalando alguna parada en los comercios, tomando algo en una de las cafeterías, como las que se encuentran en la plaza de la ciudad vieja o probando el dulce típico de la República Checa, el trdelník.

Un buen punto de partida puede ser el Puente de Carlos (1), construido durante la segunda mitad del siglo XIV. Del puente cabe destacar las esculturas de 28 santos que adornan sus laterales, y las torres que se encuentran a ambos extremos de este. A partir de aquí, históricos edificios de estilo románico se van a ir alternando con innumerables tiendas de recuerdos o de marionetas conforme te vas adentrando en la ciudad vieja.

Praga viajar con niños

Una vez llegues a la plaza de la ciudad vieja (2), merece la pena que te fijes en la Casa del Minuto (3), de estilo renacentista. Fue el hogar de Franz Kafka entre 1889 y 1896. Justo al lado, se encuentran el edificio del Ayuntamiento y el reloj astronómico (4), edificios que datan del siglo XV. Al otro lado de la plaza, se encuentra el Palacio Golz-Kinských (5), construido en el siglo XVIII al estilo rococó y que ahora alberga en parte la Galería Nacional de Praga. Contiguo al palacio, localizas la Casa de la Campana (6), cuyos orígenes se remontan al siglo XIII. Detrás de la casa, está la Iglesia de Týn (7), que, construida en el siglo XV, destaca por sus esculturas medievales.

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Puede ser el momento ahora de desviarte por la calle Pařížská (8) que atraviesa el barrio judío desde la plaza de la ciudad vieja hasta el Río Moldava, dejando a la izquierda la Iglesia de San Nicolás (9). Dentro del barrio judío interesa destacar la Sinagoga Viejo-Nueva (10), la más antigua de Praga y una de las más antiguas de Europa. Construida en el siglo XIII, sigue funcionando como la sinagoga mayor de Praga.

El final de la ruta lo constituye la calle Celetná, a lo largo de la que podrás encontrar joyas como la Casa Storch (11), que data del siglo XV y fue reconstruida en estilo neorrenacentista y neogótico en el siglo XIX. Párate a contemplar su fachada adornada con pinturas que representan San Wenceslao y a los tres Reyes Magos. Otra joya, más moderna esta vez, que podrás encontrar es la Casa de la Virgen Negra, construida en el siglo XX al estilo cubista (13). El punto final de la ruta lo representa la Torre de la Pólvora, una edificación de estilo gótico flamígero levantada en el siglo XV.

A partir de aquí, si aún tienes fuerzas, puedes terminar la tarde dando un paseo por la comercial calle Na Příkopě (14) o acercarte al centro comercial Palladium (15).

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