La Ciudad Vieja

La Puerta de la Ciudadela (1), en el extremo oeste de la Plaza de la Independencia, te da la bienvenida a la Ciudad Vieja a través de la calle peatonal que aparece como su principal arteria, la calle Sarandí (2). El casco histórico de Montevideo se levanta sobre lo que en su momento fue una fortificación militar española, demolida en 1877. Poco queda ya de las murallas de granito que se levantaron entre 1741 y 1780. El principal testigo de aquel fortín es la Puerta de la Ciudadela, que sostenía un puente levadizo por el que se tenía acceso a la antigua fortaleza y que se ubica en la Plaza de la independencia, ocupando el lugar que tuvo antaño.

La ciudad antigua tiene ese aire que se respira en las ciudades de Sudamérica como Buenos Aires o Cartagena de Indias, por mencionar algunas. Y la calle Sarandí te dará entrada a ese sabor uruguayo que ha persistido a lo largo de los años. La calle, también llamada Peatonal Sarandí fue inaugurada en 1992 y su nombre rememora la batalla con el ejército brasileño que tuvo lugar en Sarandí en 1825. En un día soleado, pasear por esta calle peatonal no deja de ser un placer para los sentidos. A lo largo de la misma, te encontrarás numerosos comercios tradicionales y anticuarios, de los que ya apenas quedan en Europa. Merece la pena que accedas a la librería Puro Verso (3) para que te hagas una idea de lo que estamos hablando.

Desde allí, te puedes acercar a la Plaza Matriz (4), que en 1843 fue llamada plaza de la Constitución. En las ultimas décadas del s. XIX, la plaza fue testigo de la construcción de los edificios del Club Uruguay y del Hotel Alhambra que embellecieron su entorno. En ella se ubicó el Parlamento del Estado uruguayo hasta 1925 y la Catedral Basílica Metropolitana de Montevideo (5), una basílica de líneas sencillas en su exterior y estilo neoclásico, cuyos orígenes remontan a 1750. Construida según los planos del ingeniero Custodio de Saa y Faria, en su interior podrás encontrar las tumbas de los obispos de Montevideo, Monseñor Jacinto Vera y Monseñor Marian Soler, y la pila bautismal del general José Artiga. También guarda los sillones que utilizaron los firmantes de la Constitución de 1830. En el centro de la plaza, hay una fuente, que se construyó para inaugurar la llegada del agua potable a la ciudad, en torno a la cual se monta un mercadillo de antigüedades todas las mañanas.

La siguiente parada la puedes realizar en la plaza Zabala (6), dominada por una estatua ecuestre construida en 1931 en homenaje a Don Bruno Mauricio de Zabala, considerado el fundador de la ciudad, y a la entrada de las tropas españolas en la península de Montevideo el 20 de enero de 1724.

Desde la plaza, puedes dirigirte a la calle peatonal de Pérez Castellano para terminar tu ruta en el Mercado del Puerto (7), construido en 1868 con una estructura de hierro traída de Liverpool y que fue en tiempos el mayor mercado de Sudamérica. En la actualidad, alberga multitud de restaurantes especializados en carnes a la brasa. Constituye un marco muy pintoresco para terminar tu paseo comiendo en alguno de ellos.

Si decides comenzar la ruta en sentido contrario, justo al lado del Mercado del Puerto se encuentran dos oficinas de información turística: la de la Intendencia de Montevideo (8) y la del Ministerio de Turismo de Uruguay (9).

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